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viernes, 24 de agosto de 2012

Todo por un sueño.

Imaginaros por un momento que se os presenta la posibilidad de cumplir un sueño que conlleva un enorme riesgo y valor. Un sueño único y por el que estaríais dispuestos a arriesgar vuestras vidas.

Esta noche tuve la suerte de ver un documental en el que un grupo de aficionados alpinistas cumplían uno de sus sueños, ascender al Monte Everest, e incluso llegar a hacer cumbre y coronar la montaña más alta del mundo.
El documental trataba sobre un grupo de aficionados al alpinismo que, con cierto nivel y preparación en lo que a escalada se refiere y acompañados de un amigo carente de piernas (evidentemente iba con prótesis) y de un numeroso grupo de Sherpas experimentados en el ascenso y descenso (importante esto último) del Monte Everest, se disponían a llevar a cabo un sueño, hacer cumbre en el Everest y vivir la que posiblemente haya sido la experiencia más memorable de sus vidas.

Un largo proceso de adaptación, aprendizaje y organización. Un ascenso pautado, con hasta cuatro campamentos base, con zonas de riesgo de muerte, con cuerdas de seguridad y zonas de abastecimiento de oxigeno preparadas concienzudamente con antelación por los experimentados Sherpas, eran el principio de la aventura que se avecinaba.

Congelamiento de extremidades, mal de altura, pulmonías, mareos, falta de oxigeno, pérdida de consciencia, e incluso amputaciones, eran dentro de esta dura batalla, algunas de las cosas más “lights”, por así decirlo, a lo que se podían enfrentar estos intrépidos aventureros, y creedme si os digo que, tras ver el documental, hasta la palabra amputación terminó sonándome esperanzadora.

Un ascenso progresivo, con un seguimiento y cobertura excepcional desde el campamento base, fue el inicio de la aventura para todas estas personas. Durante dicho ascenso, algunas personas sufrieron todos esos problemas que cité anteriormente, teniendo que descender y retroceder cientos de metros, e incluso kilómetros, para poder reponerse y curarse del todo y poder así retomar dicha batalla.

Omitiré gran parte del ascenso e iré al grano: los 600 últimos metros hasta la cima y, por supuesto, el impactante descenso final que me dejó con la boca abierta.

¿Qué son 600 metros? se puede preguntar uno. Pues 600 metros era la distancia que separaba a muchos de los escaladores de cumplir su sueño. Eran ni más ni menos que dos horas y media de ascenso y caminata por la fría nieve y la ladera de la montaña. Era la “ínfima” distancia que les permitía ver a sus compañeros en el horizonte, pero que a la hora de ponerse a caminar, eran la diferencia entre terminar la aventura vivo o muerto. Era la distancia en la que el viaje podría convertirse en una aventura con tan solo billete de ida y sin retorno.
En esos 600 metros, algunos de los alpinistas quedaron sin energía, desfalleciendo en el camino por culpa del cansancio, teniendo que bajar contra su voluntad lo antes posible, puesto que, el simple hecho de sentarse a descansar podría llevar consigo no volver a levantarse y morir allí sentado.
600 metros en los que los alpinistas sufren algo así como “la enfermedad de la cumbre”, que es la fuerte necesidad de querer llegar a la cima a sabiendas de que ello implique la muerte. Una sensación totalmente irracional que obliga al alpinista a querer continuar, pese a todo, para una vez en la cumbre morir sin saber muy bien por qué.

Mientras algunos daban la vuelta inmediatamente para huir de la zona de peligro (es la zona en la que “pararse”, distraerse, desfallecer, quedarse sin oxígeno, etcétera, implica la muerte inevitable puesto que nada ni nadie puede intervenir para rescatarte, salvo un milagro o ir acompañado de un numeroso grupo de gente que cargue contigo a cuestas en el descenso; algo improbable), otros continuaron esos 600 metros, entre ellos el aventurero sin piernas, y lograron cumplir su sueño y hacer cumbre en el Monte Everest.

Durante esas horas, los primeros en descender (eran dos personas nada más) se encontraron con un escalador desconocido de otro grupo, tirado bajo unas rocas, con signos más que evidentes de hipotermia y congelación. Ese hombre, tenía su oxígeno agotado, estaba temblando, solo, y muriendo lentamente.
Uno de los escaladores, Tim, mediante walkie-talkie, se puso en contacto con el campamento base y contó lo que estaba sucediendo. Explicó que iba a compartir parte de su oxígeno con el moribundo, puesto que él todavía conservaba gran cantidad ya que no llegó a hacer cumbre.
Desde el campamento base, lo estaban observando atentamente y con detenimiento. Dos hombres, agotados y que anteriormente estaban tirados a 600 metros de la cima por desfallecimiento, se habían topado con una persona desconocida, agonizando, al resguardo de unas rocas.
¿Qué podían hacer tan solo dos personas por aquel alpinista moribundo? ¿Cómo podrían descender arrastrando a un hombre corpulento e inconsciente hasta el campamento que se encontraba a tres horas de caminata y tras un trayecto de lo más complicado? Pues la respuesta era evidente: nada.

Por un momento Tim y el Sherpa eran “Dios”. Podrían haberlo intentado y cargar con él esos kilómetros de descenso y morir los tres en el intento, podrían intentar seguir reanimándolo para ver si este recobraba el sentido y bajaba con ellos, arriesgándose a perder el tiempo en el intento y desfallecer junto a él. O podían hacer lo que hicieron; llorar, aguantar estoicamente ante tan difícil situación, y descender dejando tras de sí a una persona condenada a morir en solitario. Una montaña, en la que descansan alrededor de 200 cuerpos inertes, algunos a la vista, de personas que fueron a cumplir sus sueños, pero que finalmente perdieron allí la vida. Personas con billete de ida y, sin retorno a sus hogares.
Tim llegó abatido y agotado al campamento junto al Sherpa. Tras ellos otro pequeño grupo que intentó, una vez más, en vano, reanimar al hombre una vez se lo toparon en el descenso.

Otro de los alpinistas del grupo llegó casi a remolque de sus compañeros, totalmente agotado, y haciendo paradas continuamente que lo podían condenar a morir allí, junto a esas 200 personas que encontraron en el Everest su último lugar de destino. Y digo esto, porque la filosofía en la montaña era que antes de arriesgar la vida por alguien, los demás deberían abandonarlo y ponerse a salvo.

El hombre sin piernas llegó con los muñones destrozados y se quitó las prótesis inmediatamente. Tanto él como la inmensa mayoría de los alpinistas, tenían las extremidades congeladas, totalmente ennegrecidas y con síntomas evidentes de que se avecinaba alguna que otra amputación.

La historia no termina aquí, puesto que la subida sí era progresiva, pero el descenso no lo era. Tenían que bajar de la cima al campamento cuatro, “descansar”, reponer fuerza, y bajar inmediatamente al campamento tres, que estaba ni más ni menos que a 9 horas de caminata.

Gente con extremidades congeladas, totalmente agotados, pero que sabían que tenían que bajar, y ésta vez, arrastrando al hombre sin piernas sentado en una esterilla, puesto que no podía posarse sobre sus piernas ortopédicas ya que tenía los muñones totalmente destrozados por el primer descenso.
Si os digo la verdad… menuda fuerza de voluntad por parte de sus compañeros que lucharon por bajarlo, incluso por zonas escarpadas en las que tuvieron que usar escaleras metálicas para descender entre las rocas, y sin abandonarlo en ningún momento. Esta vez el grupo si era numeroso, y esta vez sí podían jugar a ser “Dios” en el Everest puesto que ya tenían algo a su favor, la voluntad y un grupo reorganizado y agrupado para poder llevar la evacuación como era debido.

La aventura se saldó con muchos dedos amputados, muñones en los pies, gente con pulmones totalmente destrozados, pero todos vivos al fin y al cabo, pero sin poder olvidar los cadáveres que asomaban a lo largo y ancho de la montaña, y sin poder olvidar a aquel hombre por el que nada pudieron hacer.

A esto es a lo que se arriesga uno por un sueño; a perder la vida en el intento o a ver como la pierden los demás. No obstante, el éxito conlleva riesgo y voluntad para intentarlo, y este grupo está vivo para dar muestra de ello; de que todo es posible si uno no cesa en su empeño, y mientras uno no se siente en el camino para rendirse y no volver a echarse a andar.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Te acordarás un día.


Te acordarás un día de aquel amante extraño
que te besó en la frente para no hacerte daño.
Aquel que iba en la sombra con la mano vacía
porque te quiso tanto... que no te lo decía.

Aquel amante loco... que era como un amigo,
y que se fue con otra... para soñar contigo.

Te acordarás un día de aquel extraño amante,
profesor de horas lentas con alma de estudiante.
Aquel hombre lejano... que volvió del olvido
sólo para quererte... como a nadie ha querido.

Aquel que fue ceniza de todas las hogueras
y te cubrió de rosas sin que tú lo supieras.

Te acordarás un día del hombre indiferente
que en las tardes de lluvia te besaba en la frente.
Viajero silencioso de las noches de estío
que miraba tus ojos, como quien mira un río.

Te acordarás un día de aquel hombre lejano
del que más te ha querido... porque te quiso en vano.

Quizás así de pronto... te acordarás un día
de aquel hombre que a veces callaba y sonreía.
Tu rosal preferido se secara en el huerto
como para decirte que aquel hombre se ha muerto.

Y él andará en la sombra con su sonrisa triste.
Y únicamente entonces sabrás que lo quisiste.
Jose Ángel Buesa.

domingo, 17 de junio de 2012

Viaje a ningún lugar.

Momentos en los que escribo y borro, escribo y borro.
Momentos en los que una nota de verdades y sentimientos se transforma en mucho dolor.
Echo la vista atrás, y no veo a nadie, leo entre líneas y no encuentro nada, busco a mi lado y le hablo al silencio.
Momentos en los que las decepciones son tan inmensas y descomunales, que ni el optimismo, la felicidad, los fármacos o la esperanza, logran mitigar ese dolor.
Desconcierto, desconsuelo y mucha incertidumbre. Desconocimiento y ninguna explicación. Sólo un enorme abismo y la triste soledad.
Una fina cuerda que cruza el precipicio, sin saber bien a dónde, ni entender bien el cómo y para qué.
Un vacío constante por dentro. Un vacío al que saltar y dejar de pensar mientras sueñas con flotar y flotar.
Una respuesta, una llamada, un mensaje, una explicación...
Momentos en los que cualquier mano a la que agarrarse, sería digna de agradecer.
Años de caminar erráticamente, sin una verdadera amistad, sin una generosa compañía.
Y mi error... esperar de los/as demás, todo aquello que yo haría por ellos/as. 
Odiarme por ser como soy, pues a nadie le importa conservar la esencia de mi ser a su alrededor.
Ni más, ni menos.
Nada me da tregua, nadie me da un respiro.

martes, 5 de junio de 2012

Día Mundial del Medio Ambiente.

Hoy no soltaré un discurso que os pueda aburrir, o que os resulte tan tedioso que lo dejéis a medio leer. 

Hoy os dejaré un vídeo de cuatro minutos que pone de manifiesto, una vez más, la enorme capacidad destructora de la especie humana y que tan desapercibida pasa, bien por intereses concretos, o por "despiste" de todas esas personas que viven felices en la ignorancia de no querer saber que aquello que hacen, tiene su efecto o repercusión en el Medio Ambiente, en algún lugar del mundo al que no quieren mirar.

Cortometraje de Chris Jordan - Midway.

 

Web con el vídeo original en HD.

viernes, 11 de mayo de 2012

La España de los mercaderes.

#FatalFriday

Es por todos/as conocido el afán impetuoso con el que el actual Gobierno está recortando los derechos y los pilares básicos que constituyen nuestro modelo de bienestar. Un modelo que no nace de la noche a la mañana, y que no se introdujo en nuestro país sin esfuerzo, sacrificio y dedicación por parte de anteriores gobiernos, ciudadanos, agentes sociales, y otras muchas organizaciones anónimas que pusieron empeño en ello.

Un modelo que se fue fortaleciendo a medida que pasaban los años y que, aún en pleno siglo XXI, no llega a ser ni por asomo un modelo del todo perfecto, pero que sí garantiza, o garantizaba, derechos fundamentales de los ciudadanos y ciudadanas como son el acceso universal y gratuito a la sanidad o la enseñanza pública.

Cada viernes, somos testigos de cómo se añade una "losa" más a nuestra ya torcida "espalda", que no hace otra cosa que empobrecernos más y más y poner más impedimentos en nuestro día a día, dificultando no solo la conciliación familiar y laboral de muchos ciudadanos y ciudadanas que lo están pasando mal, sino también el acceso de éstas a bienes de consumo diario de los que cualquier familia depende sí o sí.

Se nos encarece la factura de la luz, el coste de la bombona de butano, el precio de los alimentos, los cuales en menos de un año volverán a sufrir el incremento del IVA que tanto negaba y negaba el Sr. Mariano Rajoy y todos/as sus Ministros/as. Se nos engaña con discursos plagados de burla y eufemismos para intentar ocultar la verdadera realidad, que no es otra que la de un Gobierno al servicio de los Mercados los intereses de estos y no de los y las ciudadanas para los que debe gobernar.

Recortes desmesurados en educación o sanidad, pilares fundamentales de cualquier modelo de bienestar, que vienen a confirmar lo que todos tememos, este Gobierno no quiere otra cosa que hacer de lo público un negocio, y más ahora que su burbuja inmobiliaria de la que tanto dinero y beneficios obtuvieron, terminó por pinchar y deshincharse.

Se anuncian grandes reformas envueltas en palabras grandilocuentes, como lo es la irrisoria subida de 1% de las pensiones, las cuales luego por otra vía sufren un recorte mayor al ver como se incrementa el IRPF, o se instaura el copago sanitario, haciendo que los enfermos crónicos y pensionistas con rentas bajas y desoladoras se tengan que costear de nuevo los fármacos. 
Se priva del transporte sanitario a enfermos de diálisis, con cáncer, o que tengan que ir a rehabilitación, como si todo el mundo pudiera en época de crisis costearse un taxi o un servicio de transporte alternativo para poder asistir a recibir su inevitable tratamiento periódico. ¿Qué clase de país es este, que recorta miles de millones en aquellas materias intocables, para luego inyectar dinero público a la Banca o incluso tener que entrar a nacionalizarla por la nefasta gestión que hicieron anteriormente "sus amigos" en dichas sucursales?

Nos dicen, repiten y reiteran de forma incesante, "lo importante" que son los recortes, pero que no os engañen, no es por necesidad, sino por ideología. No son recortes que puedan ser justificados en absoluto. No se puede justificar un recorte en sanidad, en educación, en becas, en I+D+i, cuando por otra parte se derrocha dinero en publicitar reformas laborales fallidas y nefastas, cuando se les permite a los defraudadores venir a blanquear su dinero (el cual no sabemos de dónde procede) tributando al 10%, mientras que los demás, los y las pobres lo hacemos con un tipo impositivo muy superior. No podemos entender cómo se intentan justificar esos recortes, cuando a la intocable Iglesia no se la persigue y se le obliga a pagar como todo hijo/a de vecino/a el IBI, por el cual obtendríamos una cantidad de dinero que nos ahorraría muchos de esos recortes imposibles de justificar, pero que cada viernes se llevan a cabo por doquier.
No contentos con ello, la Casa Real sigue disfrutando de una opacidad "maravillosa", y el ejército sigue disfrutando de un dinero que se invierte en maniobras, municiones, y soldados que no hacen otra cosa más que ir a perder el tiempo por el mundo.

Nos dicen que hay que reducir el déficit por el bien de nuestra moneda, esa que sólo sirvió para encarecer la vida a la vez que perdíamos poder adquisitivo a lo largo de estos años. Una moneda que no hace otra cosa que estrangularnos hasta la saciedad sin que sepamos muy bien el cómo o el por qué.
Nos dicen que todo va bien, pero que tenemos que corregir un déficit desproporcionado. Que si 35.000 millones de euros, que si 73.000 millones de euros, pero siempre una cifra que es la equivalente, justamente, a la que se pierde en este país mediante el fraude fiscal. Un fraude que no sólo no es perseguido con contundencia, sino que ahora será premiado con una tributación irrisoria.

Se permite eso, mientras se desmantela el estado del bienestar. Se culpa a la herencia, a las CC.AA, a las distintas AA.PP, o a cualquiera que pase por delante de la cámara en ese momento, pero una vez más, esto no es cuestión de necesidad sino de ideología.

Acabar con esta barra libre de recortes es posible y fácil de entender.

Empecemos por perseguir a los defraudadores y no desmantelando las cúpulas de Hacienda que investigaron y encontraron a los corruptos infiltrados en los distintos Gobiernos de las distintas CC.AA.

Hagamos pagar más a las grandes fortunas, a las intocables SICAVs, a la Iglesia, y a todo ese gentío que puede permitirse dar más de sí, sin pasar por ningún tipo de penuria.

Pongamos una tasa financiera ejemplar, y penemos con mayor carga a aquellas que repartan mayores dividendos y bonos entre sus altos cargos, directivos y consejeros de administración mientras cierran el grifo a Pymes y familias.

Impulsemos planes de Estímulo que ayuden a reactivar la economía, lastrada ahora por la falta de consumo y por la baja actividad privada que nos condenan una y otra vez a la recesión.

Modifiquemos la estructura de las Diputaciones, casa de corruptos y amigotes de turno, especialistas en duplicidades y reinas de la opacidad administrativa. Pueden reestructurarse y limpiarse de tanto político, y realizar actividades adecuadas para estos tiempos, pero no mientras sigan manteniendo esa estructura del siglo XIX. De no ser así, su mejor futuro, es la desaparición inmediata.

Abordemos una verdadera Reforma Fiscal, en la que el impuesto de sociedades no sirva para que las empresas con desorbitados beneficios terminen tributando a cantidades irrisorias gracias a la ingeniería financiera o a la maraña de desgravaciones fiscales que el sistema les proporciona para finalmente forrarse mientras despiden o recortan derechos a sus empleados y empleadas.

Abordemos una verdadera y consensuada Reforma Educativa, en la que la política y los dogmas religosos desaparezcan de todo debate y materia, y se haga lo que se tiene que hacer, educar a la gente para formarse y ser libres, y no para aprender a encadenarse a un puesto de trabajo o a un religión desde la guardería hasta el final del ciclo de escolarización obligatoria.

Finalmente, dejémonos la vida y el dinero en potenciar la ciencia y la +I+D+i, pues son el pilar fundamental, junto con la educación, de todo crecimiento sostenible. Son el motor de todas las economías desarrolladas, y el motor del avance y el descubrimiento de mecanismos para mejorar nuestro modelo de bienestar. Todo lo invertido en estas materias, repercute en un futuro en forma de beneficío y multiplicado por dos o por tres con respecto a su inversión inicial.

Queridos amigos y amigas, que no os engañen, esto tiene solución, y la austeridad y recortes por imposición nunca jamás serán la solución, y más si con lo "ahorrado" se rescatan entidades mal gestionados.

Todo el mundo, en algún momento de su vida, tiene que pasar obligatoriamente por la escuela, la universidad, un centro de salud y un hospital, y esta gente que hoy nos gobierna, se dio cuenta de que eso es un filón para enriquecerse y hacer dinero de forma sostenible. Aquello que no pudieron hacer con el ladrillo, puesto que se desmoronó por tener "fecha de caducidad", lo quieren implantar ahora en nuestro día a día a través de la sanidad y la educación.

Por si esto fuera poco, se nos encarece el acceso a la justicia, se nos pena por manifestarnos pacíficamente, se nos despide con total impunidad, y para mayor inri tenemos que demostrar nosotros/as que es de forma improcedente. Se suprime a la autoridad laboral en nuestro trabajo, no se supervisan los despidos, EREs, y descuelgues de convenios y lo único que tendremos es gente desesperada. Desesperada por encontrar cualquier clavo ardiendo al que agarrarse, y que permita a este Gobierno llevar a cabo sus tropelías sin que nadie se percate de lo que hacen, puesto que estarán bastante preocupados por encontrar trabajo, mantener silencio, y lo peor de todo, estar conformes y resignados con su nuevo papel de esclavo dentro de este sistema insostenible e insoportable.

Despertad, o luego será demasiado tarde.


viernes, 27 de abril de 2012

Con los pies en la tierra.

No sé si alguna vez sentisteis esa impotencia que se siente al querer decir algo de importancia, pero no saber por dónde empezar y, para mayor inri, ser conscientes de que "el poco eco" de lo que diréis no tendrá repercusión alguna.

Hoy, último viernes de abril, me apetece opinar sobre determinadas cosas que se vinieron -y vienen- sucediendo a lo largo de estos "últimos" años, y que me parecen de gran importancia, pese a que pasen normalmente desapercibidas.

Me apetece hablar de la sociedad en general, de los desahucios, los/as políticos/as o incluso la incertidumbre que generan los viernes en algunas personas que prestamos atención a los Consejos de Ministros. 
Elijo hoy y justamente hoy, aprovechando que en unas horas dispondremos de los resultados de la Encuesta de Población Activa (EPA), que nos dirá lo que todos ya sabemos o intuimos; 350.000 personas más (aproximadamente) se habrán sumado este primer trimestre, a esa elevada y dolorosa cifra de Tasa de Paro.

Llevo unos días pensando que hoy en día muchos/as -no todos/as- los/as políticos/as ya nos tratan como si fuéramos números y no personas. Nos agrupan en pequeñas o grandes cifras pero sin pararse por un momento a pensar, que son cifras que "engloban" a personas, y no a objetos o seres inertes o inanimados a los que todo les da igual. Nos limitan de algún modo la información y nos hablan de números desorbitados pero que a ellos, no sé si por insensibilidad o por cotidianidad, les parecen cifras ridículas cuando no lo son.

Nos hablan de los recortes, cifrados en miles de millones de euros, cifras que sin duda sí son para tomarse en serio, pero luego junto a estos recortes suman los que ellos/as entienden por pequeñas cantidades de "ahorro". Que si copago farmacéutico, que si copago sanitario, que si copago judicial... y siempre nos lo comparan con los gastos en cafés -en cuatro o cinco cafés-, como si hoy en día supieran el número de  gente que realmente no se puede permitir un puto café.
Nos hablan de austeridad, de recortar en determinados gastos, y otro sinfín de temas que ya no voy a mencionar, pero que desde luego, y desde mi humilde punto de vista, deberían ser intocables y pese a la crisis mantener inamovibles.

Me pregunto si es que ya nos toman por tontos/as o verdaderos/as inútiles, a los cuales engañar constantemente puesto que parece ser, no "despertamos" por mucho que nos hagan, o por mucho que nos tomen el pelo. No obstante, presiento que de seguir con esta tónica diaria, la gente terminará por salir a la calle, tarde, pero saldrá a reclamar lo que le pertenece, que no es otra cosa que sus derechos.

Cuando digo todas estas cosas pienso siempre en esa clase que se considera elitista o con peso y relevancia, esos que vulgarmente vienen siendo "los de arriba". Esa gente que maneja cantidades ingentes de dinero, tiene nóminas fijas y maravillosas a final de mes, y mueve los hilos del país al son que dictaminan los Mercados Financieros.
Esa gente que nos viene a hablar de cafés, cuando ni por asomo, sabe o entiende de la vida real de la inmensa mayoría de habitantes de este país de pandereta llamado España.
Gente que no sabe lo que es un desahucio, vivir mes tras mes un corte de luz, estirar 426€ mensuales de manera magistral para poder terminar el mes lo más dignamente posible, pero siempre con una mano delante y otra detrás.
Nos hablan de cafés... pero no entienden que hay millones de personas que hoy en día "no saben" de cafés. Personas que por un euro tienen que recalcular su día a día, y sonará surrealista, pero así es la vida misma en los tiempos que corren.

Sencillamente, esa es la gente que nunca en su vida vivió con los pies en la tierra, y que no entiende lo que es vivir al margen de su coche oficial, de su sueldo estratosférico, o de las facilidades que le dio la vida, muchos/as gracias a su esfuerzo, y otros/as muchos/as gracias a su esfuerzo a la hora de saber explotar a los/as demás hasta límites insospechados.

Nos cuentan en millones, pero se olvidan de lo que hay más allá de esas cifras. Gente que vive en un sistema que le obliga a trabajar la inmensa parte de su vida, para cobrar una pensión irrisoria tras haberse deslomado día a día. Y pese a estar obligados a tener que trabajar, pese a tener ganas y necesidad de trabajar, este sistema injusto también nos impide trabajar. ¿Quién entiende un sistema que te impone condiciones que luego por sí mismo no se pueden llevar a cabo?

Vivimos olvidados y con pánico a que lleguen los viernes, esos que antes significaban inicio del fin de semana y del descanso, pero que ahora vaticinan Consejo de Ministros y recortes al canto. 
Despido barato, descuelgue de convenios colectivos, bajadas de sueldos por doquier, copago hasta por respirar o beber agua, y siempre, con un café como nueva "unidad de medida" a la hora de comparar.

¿Quién no entiende que hay que apretarse el cinturón? Sería de persona ignorante e inconsciente no entender que vivimos malos tiempos y que debido a ello hay que apretarse el cinturón, pero es una burla incesante lo que vemos cada día en nuestro país, por parte de los que tienen las riendas o el timón del país.

Políticos/as que se suben la nómina una barbaridad. Inyecciones a la Banca con dinero del erario público. Esa banca que ejerce como gran inmobiliaria y que no contenta con haber originado esta hecatombe, se enriquece robándonos o desahuciándonos de nuestras casas, eso sí, siempre cerrando sus respectivos trimestres con beneficios, menores que en años anteriores, pero no por ello dejan de ser beneficios.
Nos hacen pagar los medicamentos, la sanidad y la justicia, mientras se compran o alquilan coches oficiales, se amueblan despachos con todo el lujo posible, o se inauguran aeropuertos que lo único que verán aterrizar, serán las moscas que viven ajenas al mundo de las personas tratadas como números, personas que viven una vida que se mide en cafés.
Nos dicen que vivimos por encima de nuestras posibilidades, algunos/as hasta que vivimos demasiado, y luego vemos como se gastan miles y hasta cientos de miles de euros en un simple cuadro para el Congreso de los Diputados. Definitivamente estamos locos/as.

Se nos intenta silenciar, y son tan conscientes de que aquello que hacen es perjudicial, que hasta se inventan nuevas fórmulas para impedir que nos manifestemos, y en caso de hacerlo, se los leerá la cartilla como en los viejos tiempos, pudiéndonos llevar a prisión, y no un día, ni dos, sino hasta cuatro años.

Vemos como multan a una anciana que se encadena en una sucursal, pero como por otra parte corruptos juzgados y condenados a prisión, siguen en la calle sin que sepamos a cuento de qué, y declarándose insolvente para que no le embarguen sus "pocos" bienes, como por ejemplo un Palacete.
Como gente con formación y curriculum de lo más envidiable se queda sin trabajo, mientras los maridos de, los cuñados de, y los hijos de, ya están bien colocados en las grandes empresas que anteriormente fueron públicas y que posteriormente fueron regaladas a precio de saldo.

Como ex-ministros/as viven del erario público y pese a ello, se suman a la vidorra de cobrar de lo privado sin tener la mínima decencia de rechazar ese sueldo que todos pagamos con nuestros impuestos.

-Entiéndanlo de una vez. Ustedes con 150.000€ viven un año, pero es que en este país hay familias que con ese dinero viven toda una vida. 

Algún día, esto que hoy se está sembrando, va a brotar de la peor manera posible. Sólo espero y deseo, que la sociedad que hoy está dormida, abra los ojos, y diga ¡ya basta!

Siento haber perdido la poca cordura y elocuencia al ir escribiendo, pero cuanto más pienso, más deseo olvidar. Olvidarme hasta de saber escribir lo poco que sé.

En fin... saludos y ánimo a todos/as. Vienen tiempos todavía más difíciles.


domingo, 22 de abril de 2012