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viernes, 28 de septiembre de 2012

Conditio sine qua non.

Lo queremos todo sin merecernos nada y, cuando ya lo tenemos, carece de sentido y de valor. Capricho lo llaman algunos. Cosas del destino y necesidades irracionales que nacen de la nada.

Podemos ser ricos sin darnos cuenta, no porque llevemos los bolsillos llenos de billetes que caen uno a uno al emprender la marcha, sino por tener a nuestro lado todo aquello que realmente buscamos y que, todavía, sin saber muy bien por qué, no somos conscientes de que es lo que realmente estamos buscando, siendo, por lo tanto, nuestra necesidad más inmediata.

Podemos mirar esos ojos todos los días de nuestra vida, a cada amanecer, a cada despertar, a cada rato que pasa, y no saber que en ellos se esconde nuestra verdadera felicidad.
Ignorar que a nuestro lado tenemos todo aquello por lo que debemos luchar y que, con el tiempo, terminará alejándose a pasos agigantados hacia algún lugar del cual nada sabremos, y del cual jamás volverá.

Tocar mil veces esa “fortuna” con las manos, con nuestra piel, e impregnarnos de riqueza sin saberlo, sin ser conscientes de que en ese momento, en ese preciso momento, estamos tocando un pedazo de cielo por el cual daríamos la vida si realmente lo viéramos como tal.

Humanos… siempre condenados a ser unos inconscientes pues sin esta condición no seríamos humanos.

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